CORRE LEJOS. Construye una buena base de kilómetros y alarga alguno de tus entrenamientos. Hazlo de forma progresiva, de nada sirve ponerte a correr como un loco y acabar lesionado en tres semanas. Correr más kilómetros es la única manera de no estamparte contra el muro y tener la confianza suficiente para llegar listo a tus carreras.

CORRE DEPRISA. Entrena a tu cuerpo para correr más rápido, aunque la mayoría de tus entrenos sean a ritmos bajos. No caigas en la tentación de hacer todos tus entrenamientos igual.  Haz un entrenamiento de calidad al menos una vez por semana, como por ejemplo: Cuestas, series, fartlek o un rodaje a ritmo alto.

COME BIEN. Si lo anuncian por la tele, probablemente no sea bueno para tu salud. Huye de los productos procesados y céntrate en comer productos frescos y de calidad. Busca una buena fuente de proteína, cantidades ingentes de verduras y alguna que otra fruta, y no te pases con los carbohidratos al menos que ese día te lo hayas ganado. Baja de peso sólo si realmente te hace falta.

DUERME MUCHO. 6 horas no son suficientes. Olvídalo. Más de 7 horas como mínimo, aunque los mejores duermen hasta 9 y 10 horas de media. No hay recuperador más barato y sencillo que dormir mucho. Deja tu móvil antes de meterte en la cama y consigue sueño de calidad.

Y sólo cuando hayas cumplido con todo lo anterior… es cuando puedes centrarte en los pequeños detalles, en mejorar tu nutrición al milímetro, en buscar las mejores zapatillas, reducir el peso de tu material o… cualquier otra historia que se te ocurra.

Correr y mejorar haciéndolo, debería ser algo simple.

 

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