Balance de final de temporada: Repaso a lo mejor de este 2015-2016

Aprovechando que he empezado la nueva temporada y vuelvo a entrenar con algunos objetivos en mente, no podía dejar atrás el 2016 sin hacer un repaso a todo lo que ha sucedido este año.

Cada temporada es realmente diferente y viendo lo sucedido estos últimos meses, me parece imposible que algún día me aburra de correr.

Sin duda la motivación es clave para continuar disfrutando y superándose día a día, y en mi caso me las he apañado para, en lugar de menguar, hacerla crecer con el tiempo.

No puedo negar que hay mejores y peores momentos, pero así es la vida ¿no? Llena de altibajos inevitables.

Puedo decir que me siento afortunado por haber tenido salud y haber podido correr tanto como me apetecía, por haber podido vivir todas estas experiencias y por todos los amigos que me han acompañado los últimos meses.

Si consigo que este año sea igual de intenso, ¡ya será todo un éxito!

Mi temporada 2015-2016 en números

Hasta que no me he puesto a comparar números objetivamente, no me había dado cuenta de lo que realmente he entrenado este año. Pensaba que había sido algo menos que el año pasado, aunque visto lo visto lo único que ha sucedido es que me he vuelto más exigente.

No puedo quejarme, y creo que puedo tachar de mi lista lo de «Entrenar más y mejor.» Aún así, hay cientos de cosas que he hecho mal y otras decenas que podría mejorar, así que tengo mucha esperanza en cuanto a mi margen de mejora.

Este año, incluidas las semanas off por la caída y un parón en Agosto, he corrido 4409 kilómetros, 844 más que el año pasado y  110 horas más, hasta llegar a las 470 horas.

También he hecho más desnivel, alrededor de los 103mil metros positivos (unos 26k metros más que la pasada temporada), aunque sigue siendo muy poco si mi planteamiento es competir a buen nivel en carreras de alta montaña.

Voy a pasar gran parte del año en Malta, y teniendo en cuenta el nulo desnivel que tenemos aquí,  si quiero rendir bien y no quedarme atrás cuando corra esos desniveles, voy a tener que ingeniármelas con los entrenamientos.

Va a estar divertido.

En cuanto a competiciones, la cosa queda muy parecida, un total de 19 carreras, 717 kilómetros en total, 29 mil metros positivos y casi 80 horas con un dorsal puesto.

Resumen de mi temporada 2015-2016

Mi temporada empezó como de costumbre en Octubre. Después de correr la Marató Pirineu y una semana después de quedarme tirado a mitad de camino en la Ultra de Tarragona, me pegué un más que merecido descanso.

Después de una semana totalmente parado, me pasé las dos siguientes cogiendo exclusivamente la bici. La utilizaba para ir a todas partes y cuando no tenía una excusa, simplemente salía para dar una vuelta de una o dos horas. Estos días también cayeron un par de salidas algo más largas y que fueron un calentamiento para algo que pasaría semanas después.

El inicio de Octubre coincidió también con la mudanza a una nueva casa. Cuando a finales de verano tenía casi un pie fuera de España, mis amigos me convencieron para que me quedara y alquiláramos una casa en la que vivir juntos una temporada.

Vivir con mis mejores amigos era algo que no había hecho hasta ahora, así que la idea me convenció y decidí quedarme en España. Ahora, más de un año después, recuerdo con nostálgia todos los momentos que hemos pasado en esa casa.

Durante la primera semana de entrenamientos tuve la ocasión de probarme y hacer de liebre en una carrera, en la 10k de El Vendrell.


Me encargaba de llevar el globo de 40 minutos y como hacía siglos que no tocaba esos ritmos, tenía dudas de si iba a poder aguantar esa velocidad durante diez kilómetros seguidos. ¿Te imaginas si peto corriendo de liebre? ¡Joder! ¡Qué responsabilidad! Al final todo salió bien y resulta que no estaba tan mal como pensaba. Fue mi primera experiencia como liebre y me encantó.

Hacia finales de Octubre empecé a entrenar en condiciones y con ello llegó también la primera quedada con la que ha sido mi familia los últimos meses, TiulaTrail.

A final de la temporada pasada y a raíz de ganar Puig de Tiula, conocí a  Jorge y toda la trupe. Una semanas más tarde Jorge me lió con la intención de crear y entrenar el equipo de trail.

Desde entonces han sido mis compañeros de aventuras y ahora que estoy en Malta, aunque vayamos hablando, los hecho mucho en falta. Si por algo ha destacado esta temporada es por todo lo que he disfrutado con ellos: Los dos Angel, Bob, Dani, Diego, Eric, Jordi, Jorge, Koldo, Neus y Marc.

Con algunos kilómetros en las piernas y recuperando poco a poco las sensaciones, a mitad de Noviembre me fui de vacaciones a Malta. Mi colega Juan Pablo, o JP para los amigos, me acogió en su casa casi dos semanas.

Con JP tengo mil historias desde que nos conocimos en mi anterior temporada en Malta y los días que pasé con él los aprovechamos al 100%. Justamente él tenía vacaciones, así que cada día salíamos a correr y a disfrutar de nuevas rutas. Fueron unos días muy intensos y tuve ocasión de grabar algunos vídeos.

Para rematar, uno de los últimos días alquilamos unas bicis bastante precarias y nos dimos la vuelta a Malta por toda la costa en poco más de 7 u 8 horas.

El otro día estuvimos hablando de esto y probablemente lo repitamos muy pronto.

Con ese viaje pensaba que había cerrado una etapa en la isla y que no la visitaría nada más que de vacaciones, pero las casualidades de la vida me han llevado a repetir la experiencia y venirme de nuevo a vivir aquí. Una nueva oportunidad para hacer más «historia».

A principios de Diciembre mis semanas de entreno empezaban a coger forma y las horas semanales con las zapatillas puestas también aumentaban. Por estas fechas también cayó la primera carrera con el equipo.

Somos un equipo de trail con cierto rechazo al asfalto, pero les convencí para que tocáramos algo de carretera antes de meternos de lleno con el trail… ¡y lo mejor de todo es que me hicieron caso!

La carrera era la media maratón de Vilanova y fue un buen test para todos, pero la comida de después fue aún mejor. Digamos que la tónica de carrera + comilona se ha repetido en bastantes ocasiones a lo largo de toda la temporada.

Sin dudarlo un instante, ahora mismo repetiría cada una de las carreras, horas de entrenos y comilonas que nos hemos pegado juntos.

Respecto a la carrera, hacía casi dos años desde mi última media maratón y tenía curiosidad por saber que tiempo podía hacer.

Al final no conseguí hacer marca personal y me quedé en 1h20′, pero me consuela pensar que el domingo de la carrera ya llevaba 120 kilómetros en las piernas, seguía pasado de peso y era principio de temporada.

A finales de Septiembre, mientras tomábamos una cerveza en la terraza del Hollywood, un bar de la playa de Calafell, se nos calentó el morro y decidimos inscribirnos a la Maratón de Barcelona.

Para Eric, Marc y Neus sería su primera maratón y yo llevaba mucho queriéndola correr. En realidad, como en tantas otras carreras, fuí el principal detonante para que al final acabáramos todos inscribiéndonos minutos después.

Así que con la idea de volver a correr una maratón a casi seis meses vista, empecé a pensar en superar la marca de 2h 43′ de la última. Además, aprovechando que Eric y Marc vivían conmigo, empezamos a entrenar juntos para que pudieran acabar su primera maratón.

Para Nochebuena me fui con mis padres a pasar unos días a Frajen, un pueblecito perdido en los montes de Huesca y muy cerca de Ordesa. Ese fue el primer contacto con montañas de verdad desde Septiembre y pude permitirme correr sin problemas en plena Navidad con poquísima nieve en los picos. A raíz de esa visita, este año me he prometido volver a visitar Ordesa y correr también alguna carrera por la zona.

Con el objetivo de la Maratón de Barcelona, decidimos comprar una GoPro para grabar todo el proceso y durante todo el invierno me animé bastante a grabar cuando salíamos a correr. De mi visita a Huesca tengo este vídeo.

Llegó la San Silvestre de Cunit y nos juntamos todo el equipo, más que para correrla, para despedir el año juntos. Acabamos trotándola todos, menos Ángel, que la corrió cual potro desbocado y Marc, que iba a su límite.

Una semana más tarde volvía a repetir media maratón, esta vez la de Sitges. Era la primera media maratón para Eric y para Marc y para mi era una nueva oportunidad para bajar tiempo de la anterior, pero la realidad es que llegué en condiciones similares.

Como estaba en medio del entrenamiento y no era una prueba importante, decidí hacerla como entreno sin bajar el volumen de esa semana y me presenté el domingo con algo más de 130 kilómetros en las piernas. No especialmente fresco diría.

Intenté correrla pero me veía muy fatigado a depende que ritmos y aproveché que Jordi, un gran amigo que la corría, quería bajar de 1h20 para acompañarle unos kilómetros. No estaba teniendo una gran día e intenté ayudarle para que consiguiera su objetivo. Tiré de él algunos kilómetros pero definitivamente no era su día. Yo paré mi crono en 1:21:29 y él llegó poco después.

Una semana más tarde y algo más descansado, corrí la primera trail del año, la Mitja de l’Albera, muy cerca de dónde es Marc.

Llegada de la trail Mitja de l’Albera

Fuimos a pasar el fin de semana y corrimos como si no hubiera mañana. Marc se estrenó en una carrera de trail y yo me quité la espina de ponerme el dorsal en una carrera de montaña después de varios meses sin catarlas.

Más o menos la carrera fue así: Salí en el grupo de cabeza y demasiado rápido, con las primeras subidas y la falta de desnivel me pegó una buena pájara y caí hasta la vigésima posición o más, aunque luego me las apañé para recuperarme y entré en meta el 12º.

Mucho más nivel del que me esperaba y buen recordatorio de dónde estaba en cuanto a entrenamiento. Si estuviera en la zona la repetiría, salvo por el frío y el viento de aquel día.

Dos semanas más tarde, volvíamos a competir todo el equipo, pero esta vez en un 10k de asfalto en Vilafranca. Era probablemente la última prueba de asfalto que volveríamos a correr, así que era nuestra última oportunidad de probarnos.

La carrera se me atragantó un poco por problemas de estómago. Recuerdo que los dos primeros kilómetros pasaron rápido, pero que para el tercero ya se me estaba haciendo larga. Para la segunda vuelta al circuito, volvía a recuperar algunas sensaciones y en los dos kilómetros finales lloraba por encontrar un WC.

Romero (uno de los compañeros de equipo que no corría) había venido a vernos, y fue al primero que vi al acabar la carrera. Lo segundo fue correr hacía el bar más cercano y colarme en su baño.

Lo malo de no tener tiempo previsto en mente, ni meta alguna, es que quizás no puedes apretarte tanto como te gustaría o en caso de hacerlo, no se siente tanta satisfacción al no tener una meta marcada. Al acabar en 36’16» simplemente no me sentí demasiado satisfecho, pero después de unos minutos y aún con el sabor a sangre en la boca me sentía un poco mejor.

10k de Vilafranca del Penedés

Al igual que con la media maratón, hacía siglos que no me presentaba a un 10k y se convirtió en mi mejor marca personal. Pero estaba convencido de que valía una tiempo mejor y me prometí que pulverizaría ese tiempo en mis próximas 10k. Por ahora aún no he corrido ninguna.

Dos semanas más tarde empezaba el Circuito Camp de Tarragona, una liga de carreras de montaña que nos habíamos planteado correr para puntuar como equipo.

La 4 Termes era la primera de sus carreras, con 25 kilómetros y 1156 positivos era por ahora la carrera más dura del año.

La empecé con ganas pero algo me decía que no iba a ser mi día. Cuando aún no habíamos llegado a la primera subida fuerte, me derrumbé mentalmente y se me quitaron las ganas de competir después de sólo 6km.

Me forcé a continuar y recuperé buenas sensaciones, y al igual que en Albera a principios de año, de mitad de carrera en adelante no dejé de apretar hasta acabar en 10ª posición y con una satisfacción tremenda.

A raíz de esa carrera entendí algo: Aún estaba lejos de estar en mi mejor forma y tenía que reconocer cuál era mi sitio si quería seguir mejorando.

De nada sirve intentar pegarse con la gente que va en cabeza si aún no estás a su nivel, por muchos cojones que le pongas. Así que sin duda fue un buen palo de humildad. Lo bueno es que llegó a principio de temporada.

Una semana más tarde y con la idea de hacer nuestra última tirada larga antes de la Maratón de Barcelona, Marc y yo nos plantamos en una carrera en pista de 6 horas.

Corrimos la modalidad por parejas con la idea de hacer unas 4 horas yo y 2 horas él, pero al final nos acabamos repartiendo el trabajo a partes iguales y conseguimos subirnos al podio en segunda posición. Muchísimo más de lo esperado.

Nos levantamos a primera hora de la mañana y fuimos para Vilafranca en moto con un frío del copón. Después de media hora de viaje y de aterrizar en un bar con unos bocadillos gigantes (cayó uno de tortilla de patata), empezamos a correr alrededor de las 11.

Era la primera vez que corríamos una carrera así, dando vueltas a una pista hasta el infinito… Qué ridículo pensarán algunos, pero joder, fue toda una experiencia.

En una esquina de la pista hay varias mesas con nuestros núemeros de dorsal, botellines y comida preparada para avituallarnos cuando nos plazca.

La gracia de correr en circulos es que constantemente tienes a la vista al resto de corredores. Puedes ver qué tal van, cuánto diferencia hay y además, tienes a tu compañero siempre cerca.

Recuerdo que desde hacía tiempo tenía la idea de probar una carrera de resistencia de 24 horas, pero después de probar esto me doy cuenta de que aún no estoy hecho para semejante esfuerzo. Mentalmente es muy duro, mucho más de lo que me pensaba. Mis más sinceros respetos a toda esa gente que sí puede con ello. Aún así, tras acabarla, me digo a mi mismo que quiero repetir la experiencia más adelante con otra 6 horas o quizás con una 12 horas.

Marc empieza corriendo la primera hora y con muy buenas sensaciones. Cuando me toca a mí hace bastante sol y me siento cómodísimo corriendo. Ni frío ni demasiada calor (por ahora). El bocata de tortilla de patata aún está en la boca del estómago y hace estragos durante los primeros kilómetros.

No nos habíamos tomado demasiado en serio la carrera hasta que nos pusimos a correrla. De hecho, aquello era sólo una excusa para hacer nuestra tirada larga de una forma diferente… Pero me voy animando y aunque la idea inicial era rodar esas 2 primeras horas a un ritmo de 4min/km o superior, acabo haciendo 31,5km a una media de 3’47». Joder, cómo se me ha ido de las manos.

Marc vuelve a hacer otra hora y se porta como una bestia, manteniendo un ritmo tremendo. Cuando acaba su trabajo por hoy y me toca a mi acabar con la faena con dos horas más, con la primera zancada me doy cuenta de que no tengo piernas.

Corriendo a esos ritmos era evidente.

Tras los primeros minutos me coge un flato increíble, supongo que por pasarme con el avituallamiento. Después de las primeras vueltas me digo que me pasará, como siempre que pasan estas cosas, pero se mantiene ahí hasta que llevo 10 kilómetros y le digo a Marc que haga un pequeño esfuerzo más y me sustituya unos segundos.

Sin avisarle una vuelta antes, le digo que se meta en la pista, que necesito parar. Me sale el 10k en 43 minutos, a 4’14». A partir de ahí, es un vaivén de entradas a pista de los dos. Quince minutos uno, quince minutos otro, diez otro… Ambos estamos destrozados y nos cuesta horrores mantener el ritmo.

Yo hace rato que tengo rampas y simplemente me limito a no parar y avanzar todo lo que puedo antes de que suene la bocina de las 6 horas.

Cada hora van informando de las posiciones y en la última ocasión nos indican que tenemos a los primeros a unas pocas vueltas y los terceros nos pisan los talones. Así que esos últimos minutos son una lucha para no perder terreno frente a ellos y aunque poco probable, alcanzar a los primeros.

Falta una sola vuelta para acabar y cuando llego a la altura de Marc le digo que acabe él esto y se lanza corriendo a por 400 metros más dando todo lo que le queda.

Y así, casi sin pretenderlo de buen inicio, nos calzamos algo más de 80 kilómetros entre los dos.

Cuando toca volver a casa estoy totalmente agarrotado y me es imposible subirme a la moto, pero por suerte nuestro amigo Toni viene a recogernos.

Quedan tres semanas para la Maratón de Barcelona. ¡El tiempo pasa volando!

El día antes de la carrera nos lo pasamos en la feria de la maratón haciendo entrevistas para Trackers. Grabamos a gente para que nos cuente su historia, como empezó a correr, qué baches han tenido por el camino… Otro amigo, Alberto, nos ayuda.

A la hora de comer, después de mil vueltas buscando sitio, acabamos en  un restaurante chino y comemos demasiado. En lugar de ceñirme a lo habitual, se me ocurre inventar.

Por la noche, bastante tarde además, cenamos pizza en casa.

No tengo buenas sensaciones. Desde hace dos días me noto muy cansado pese a que esta semana prácticamente no he entrenado. Es como si mi cuerpo se preparara para la paliza que le espera mañana. Para tranquilizarme me convenzo de que es por eso.

Son más de las 10 de la noche y hace rato que debería estar en la cama, pero sigo intranquilo y salgo a rodar 15 minutos para despejarme y estirar un poco.

Vuelvo a casa,  me ducho, me meto en la cama y 5 horas después me pongo en pie para coger un tren dirección a Barcelona con Marc y Eric. En la estación están tambien muchos otros amigos entre los que están Angel y su novia Laura, que vienen solo a animarnos (es increíble el esfuerzo que hacen siempre), Neus (que se estrena en la distancia en asfalto, aunque en trail ya sabe de lo que va) y también Marcos, mi fisio, el que se encarga de curarme las penas después de tantos excesos. También es su primera vez, tengo ganas de que descubra que es cruzar la meta de la prueba reina.

Mi objetivo de hoy es bajar del tiempo del año anterior, de esas 2h43′. Me digo que necesito eso para demostrarme que he mejorado después de un año de entrenos, aunque haya sido corriendo por montaña.

Puedo contar con los dedos de una mano los días que he hecho algo parecido a unas series o ponerme a ritmo de maratón, pero viendo la tirada de 31 kilómetros a 3’47» de hace tres semanas, me siento confiado. Aunque no tengo buenas sensaciones, no tengo duda alguna de que lo conseguiré. De hecho, barajo la idea de bajar de las 2h40′. Soy un optimista nato, pero como muchos otros corredores.

Estoy en el primer cajón de la salida y es la primera vez que salgo tan delante en una maratón. Miles de corredores por detrás nuestro y toda Barcelona volcada en las calles. Tengo el bello de punta.

Delante mío los corredores lanzan sus sudaderas a un lateral y mean al lado de las vallas. Observo a mi alrededor… Algunos ojos inquietos, sonrisas nerviosas y miradas serias, concentrados para lo que se les viene encima.

Dan el pistoletazo de salida y arrancamos a correr. No me noto nada mal. Los primeros kilómetros los hago ligeramente por debajo de los 4min/km. Me digo que intente hacer los 10km lo más tranquilo posible, pero los sube y baja de la primera media maratón hace que sea difícil mantener un ritmo constante. Algunos me salen a 4′ y otros a 3’35.

Los primeros 10 kilómetros los paso en 38’10». Alrededor del 13 me paro a mear en un WC portátil y cuento cerca de 30 segundos. Me digo que prefiero correr más relajado que aguantarme las ganas hasta reventar.

La media maratón la paso en poco más de 1h20, así que voy clavando los ritmos para el objetivo. Pero pasado el kilómetro 26 o así, se que algo no va bien, empieza a costarme horrores mantener el ritmo. Me derrumbo dos kilometros después y me hago a la idea de que hoy no va a ser ese día, el de conseguir marca personal.

Por primera vez en una maratón encuentro el muro. Lo he encontrado en muchas carreras, pero nunca en la maratón. De ahí hasta el final de carrera, ya sin la presión de hacer tiempo alguno, paro una vez más a mear y otra a vaciar el intestino.

Por extraño que parezca, a falta de 4 kilómetros para meta, me doy cuenta de lo afortunado que soy. No voy a conseguir mi objetivo, pero estoy feliz. ¿Qué coño me pasa? Me emociono y me caen algunas lagrimas. No soy de esos, no me emociono así, pero el esfuerzo me hace tener las sensaciones a flor de piel. Se me entrecorta la respiración y me cuesta correr, sin embargo vuelvo a coger buen ritmo y hago los dos últimos kilómetros de subida por el Paral·lel con mucha fuerza.

Los espacios en las calles de Barcelona son enormes y hay gente de inicio a fin del recorrido. Es un carrerón enorme, de los que no dudaría en repetir.

Cruzo la meta en algo más de 2h48′. Casi 5 minutos más lento que la última maratón, casi 10 minutos más lento de lo previsto. Aún así soy un hombre feliz.

Ese día todos cruzamos la meta con muy buenos tiempos. Eric, Marc, Neus y Marcos acaban su primera maratón y descubren la belleza de correr 42.195 metros.

Al día siguiente ya estoy pensando en que el domingo vuelvo a competir, pero esta vez en la segunda prueba del Circuito Camp de Tarragona.

No debería competir pero como en la liga puntuan varias pruebas, decido correrla pese a que no pueda hacerla al máximo. Me engaño y me digo que estaré prácticamente recuperado, pero lo cierto es que aunque mi mente dice SÍ, mi cuerpo está KO y me cuesta casi tres semanas volver a sentirme cómodo corriendo.

Ese día arranco con la cabeza de carrera y me siento estupendo, sin embargo poco después me noto vacío y en una subida técnica y espectacularmente bonita, pierdo fuelle. Detrás nuestro está el mar y delante nuestro mucha niebla y un terreno díficil y muy vertical.

Ahí me pasa Jordi, un compañero de equipo y aunque en ese momento no lo reconozco, me hace venirme aún más abajo. No me considero muy competitivo, pero con el dorsal puesto… descubro que soy más de lo que me pensaba.

No me enfado porque me supere, si no me enfado conmigo por estar corriendo algo que no debería estar corriendo, porque aunque me he dicho que iba a correrla para acabarla, no me gusta la idea de no dar mi 100% y cuando en los primero kilómetros veo que estoy bastante bien, creo unas expectativas que al superarme se desvanecen. Es díficl de explicar.

Soy bastante duro de mollera y de una forma y otra siempre me recompongo. En esta ocasión, después de algunos kilómetros y como tantas otras veces, encuentro un ritmo ligeramente incómodo, que puedo aguantar sin llegar a reventar.

Los últimos kilómetros volvemos a pisar el mar y mientras corro por la arena, vuelo y adelanto a varios corredores. Llego vacío a meta, pero tres o cuatro cervezas mientras espero al resto del equipo lo solucionan todo. Acabo satisfecho, pero sé que no quiero que vuelva a pasar. No más competiciones reventado. No más carreras semana tras semana, y menos después de una maratón.

Consigo resarzirme sólo cuatro semanas después. Logro recueperarme de la maratón y corro la siguiente prueba del circuito en Un tomb pel Montsant. He descansado lo necesario y creo que como mínimo puedo repetir el resultado de la primera prueba.

Les digo a los chicos que deben calentar siempre antes de empezar, y ese día, a diferencia de muchos otros, cumplimos.

Durante el calentamiento no me noto especialmente bien pero no me preocupa en exceso. Ha habido muchas carreras así, de las de no encontrarme fino hasta pasado un buen rato. Es más, casi prefiero no sentirme del todo fresco para forzarme a no apretar desde el principio.

Una vez más no es así. Los primeros kilómetros corro con Mikel Besora, un chaval joven pero que es todo un portento físico. Hoy debería llevarse la carrera y yo lo sé, pero decido correr alegre lo primeros kilómetros que son de bajada.

Cuando empezamos a subir, esta vez más consciente que en las últimas ocasiones, dejo pasar a varios corredores y coger mi ritmo. Prefiero salir delante y dejarme caer hasta la posición que me pertoque que salir atrasado y que haya corredores que me estorben.

Así que caigo de la primera posición hasta la 6ª. La carrera se caracteriza por dos subidas muy fuertes y dos bajadas igual de interesantes. Es mi tipo de carrera. Cuanto más largas las subidas, más cómodo me siento y cuanto más correderas, más acabo sufriendo. Así que voy con la motivación arriba.

Después de una tremenda subida, la bajada es de infarto y cuando toca volver a subir, me fuerzo todo lo que puedo. Cuando llego arriba, después de tres cuartos de carrera, estoy satisfecho. Hoy he dado lo que podía dar, ahora sólo toca rematar.

Cresteamos un poco y toca bajar rápidamente hasta meta. No suele pasarme pero pierdo fuelle en la bajada y un corredor acaba pasándome antes de llegar al pueblo. Y una vez en el pueblo, veo detrás a un corredor con el que entré a sprint en la primera carrera. En aquella ocasión me adelantó y me digo «Esta vez no».

Aprieto todo lo posible y a escasos 100 metros me quedo sin combustible y acaba pasándome. Finalmente 9ª posición pero con un sabor muy dulce, el de haberlo dado todo. El resultado, el tiempo, como en muchas otras es meramente anecdótico.

Dos semanas después tenemos la Ultra de Barcelona y este era el último entrenamiento largo para la cita y todo el equipo consigue pasar la prueba.

Pasan 13 días y el sábado por la noche aún no soy consciente de que al día siguiente voy a correr una ultra de más de cien kilómetros. Recuerdo los nervios de la última ocasión y esta vez no hay nada de eso. Me asusta tener tanta confianza. El miedo nos lleva a ser precavidos y eso en una ultra beneficia más que perjudica.

Esa mañana Àngel pasa a recogerme por casa y nos vamos dirección a Bagà. Los dos correremos la larga, Jorge, Dani y Diego la de 70kilómetros y Bob la maratón.

Àngel vuela con el coche y llegamos sobrados de tiempo. Los bares aún no han abierto y nos da tiempo de ver como va aumentando el ambiente antes de la carrera.

Ha empezado a chispear y hay una niebla considerable. Tengo frío al salir del coche pero me alegra saber que no voy a pasar calor, al menos al inicio de la prueba.

El año pasado acabé la carrera, pero no de la forma que me gustaría. Me prometo que este año va a ser diferente. Este año va de venganza, de volver a las carreras que no me fueron bien el año pasado y superarme. Quizás por eso estoy tan confiado.

Nos tomamos un café para hacer tiempo y finalmente pasamos el control de material. Sigue lloviendo, pero ya toca irse para la salida. Me encuentro con varios amigos, entre ellos Santi, Javi (con el que correré los primeros kilómetros) y Miguel Ángel, que acaba ganando la carrera con un crono impresionante.

Todo el mundo lleva el impermeable puesto, pero yo se que voy a estar sudando como un cerdo en cuestión de minutos y salgo sin él. No me importa mojarme. Después de unos minutos corriendo, los que antes me miraban extrañados, ahora ya corren sin él.

Los primeros kilómetros los empiezo con mucha calma. Me digo que voy a intentar correr entre el top 20 los primeros kilómetros y poco a poco ir ganando terreno. No quiero precipitarme.

Corro con Javi y vamos charlando de todo un poco, también de los planes para el resto del año. La niebla es espesa y deja ver muy poco delante nuestro. Si no fuera porque se que estoy corriendo por el Garraf, perfectamente podría estar en el pirineo.

Me encanta la lluvia. Y me encanta cuando moja todo en la montaña. Ese olor a hierba fresca, a tierra mojada. Me centro en todo eso mientras corro.

Llego muy bien físicamente al avituallamiento del 40 y también en cuanto a posición. Sin embargo creo que la he cagado con las zapatillas. Escojo unas New Balance Leadville con bastante trote, porque creo que serán las más cómodas, pero la realidad es que con las piedras del Garraf, me estoy destrozando la planta poco a poco.

En ese momento no pienso en qué extremo va a llegar, pero poco después me voy haciendo a la idea. Pasado el kilómetro 50 se me une otro corredor, vasco creo, y nos hacemos compañía hasta el avituallamiento de Begues, en el 70 y poco.

Me ha costado llegar aquí y mentalmente voy frito. Hace rato que pienso en abandonar. Me duelen demasiado los pies. Suena a excusa, lo se, ¿a quién no le duelen los pies en una ultra? Pero de verdad, sé de que va esto y no soporto el dolor. Cuando corro por pistas llanas, la más mínima piedra en la planta me inyecta un tremendo dolor desde el pie hasta la espalda. No puedo con ello.

Llegamos al avituallamiento en 7a y 8a posición, casi 45 minutos antes que el año pasado, pero llego decidido a abandonar. Como un plato de pasta y por alguna razón saco fuerzas y decido volver al ruedo. Me cambio la camiseta y arranco.

Pero sólo un par de kilómetros después, me doy la vuelta por donde he venido. Diez minutos son suficientes para hacerme renunciar… Se acabó mi carrera. ¿Cómo puedo haberla cagado tanto eligiendo el calzado? Al día siguiente cojo unas tijeras y me doy el placer de cortarlas trocito a trocito antes de tirarlas a la basura.

La única alegría de ese día es ver como el resto del equipo acaba sus respectivas carreras.

Ha sido un buen entreno me digo.

Dos o tres días después estoy cogiendo con Marc un vuelo hacia las Canarias. 7 días después de semejante decepción corría la Transvulcania, una carrera con la que llevo soñando siglos. De hecho es la tercera vez que me inscribo y la primera vez que cojo el vuelo para ir.

No me juzgues, sé que es una locura correr 100km (en realidad hice poco más de 70k) y hacer otra ultra la semana siguiente, además una como Transvulcania.

Soy consciente de lo que supone, pero tengo dos motivaciones para venir aquí: la primera, acompañar a Carmel una parte de la carrera. Le he estado entrenando desde hace más de un año y este es su gran objetivo del año. Hace tiempo soñaba literamente con poder acabarla y no sólo no la acaba, si no que consigue el record de corredores malteses en Transvulcania (que no son pocos). Y la segunda, descubrir la carrera, correrla sin presión alguna y volver el año que viene a dar lo mejor de mi mismo. Es un proyecto a dos o tres años vista.

No tengo intención de volver en 2017, pero sí lo haré en 2018. Ya estoy pensando en ella.

El viaje a Canarias, de dos semanas para mi y de tres para Marc, se convierte en uno de los mejores viajes del año y acaba cargado de anécdotas.

Los días antes de la carrera corro absolutamente 0, exceptuando dos días antes que vamos a Tazacorte a hacer el kilómetro vertical. Es ahí donde se decidirá la carrera en la ultra, a escasos 6 kilómetros de meta.

Subiendo por el kilómetro vertical de Tazacorte

Esa zona es simplemente espectacular. No me imagino como bajaré por aquí después de casi 70 kilómetros en las piernas.

Carmel se ha encargado de reservar una casa preciosa, con piscina en un pequeño complejo de cuatro casas. Está en otro pueblo, como a 20 minutos en coche de la salida, pero es tranquilo y las vistas son espectaculares. Justo lo que necesitamos para descansar los días previos a una carrera de esa envergadura. Nuestro vecinos también son corredores y compartimos más de una charla y comida.

Carmel y yo repasamos obsesivamente una y otra vez el perfil. No he empezado a correr y ya sé que voy a querer volverla a repetir.

Conduzco hasta la llegada de la carrera y una vez ahí, cojemos uno de las decenas de buses que hay hasta la salida. Es muy pronto y estamos en la más profunda oscuridad. El silencio en el autobús es sepulcral.

Llegamos después de media hora de trayecto y alucino con la cantidad de corredores conocidos con los que me topo. 1800 corredores y toda la élite está aquí.

Marc corre una hora después la media maratón, una carrera que será básicamente ascendente (1800m) y su carrera con mayor desnivel. La acaba con nota.

Ya escribí aquí sobre la carrera, pero resumiendo, diré que después de unas tres primeras horas con Carmel, controlando mucho el ritmo, me dejé llevar, incrementé la velocidad y empecé a disfrutar como un niño.

Cuando llegué al punto clave de la carrera, el kilómetro 50 en el Roque de los Muchachos y con una bajada crimanal de casi 20 kilómetros y 2000m negativos, estaba muy fresco.

Sorprendentemente llegué apretando hasta meta y dejándolo todo en los últimos kilómetros. Avituallamiento tras avituallamiento adelanto posiciones a lo bestia y acabo llegando en 150ª posición.

Si tengo que elegir una carrera de este año por las buenas sensaciones, probablemente esta estaría en el top.

Después de desconectar unos días más en Tenerife, vuelvo a España con la intención de entrenar más y mejor. Vuelvo con las pilas cargadas y con un nuevo descubrimiento, las Sportiva Mutant.

En la fería del corredor las encuentro por precio de saldo y decido comprarlas el día antes de la carrera. «Son mucho mejores que las Salomon XT6 que iba a usar» me digo. Y así es, cuanto más corro con ellas más me enamoro y las hago participe en la mayoría de las próximas carreras.

Dos semanas más tarde y no totalmente recuperado, corro la Trail de Arboç, una media maratón de montaña bastante rápida que se celebra muy cerca de donde vivo. La gracia de la carrera es que ya la he corrido una vez y no sólo eso, he corrido mucho por cada uno de los caminos por los que pasa. La lástima es que no conserva el recorrido del hace dos años y quita la parte más dura de la carrera, cruzando el lago Foix.

Después de una semana de excesos en Canarias, la semana previa a la carrera me cuido 100% con la comida. Lo noto mucho y ese día vuelo y acabo en segunda posición.

Para el resto del equipo esa es la primera carrera después de la Ultra de Barcelona y les sirve para quitarse las telarañas y recuperar un poco las sensaciones de correr con un dorsal. Después de semajante esfuerzo en Barcelona, toca volver a coger fuerzas y motivarse con nuevos objetivos.

En dos semana tengo otra de esas carreras, de las que forman parte de mi lista de venganza, Els Bastions. El calzado fue una excusa en Barcelona. «¿Que va a ser ahora?» me digo. No se qué es pero algo me corroe por dentro.

El lunes descanso, pero después de darle algunas vueltas, decido cojer la mochila, las zapatillas y la tienda de campaña y me voy en tren hasta Ribes de Freser, desde donde en algunos días empezará la siguiente ultra.

Paso varios días entrenando sólo y sin ninguna distracción, pasando muchas horas fuera y pensando en la carrera. Es una sensación de libertad increíble. Algunos días más tarde viene a verme Jordi Sanchez, un gran amigo en esto del correr, y compartimos dos días en la montaña con unas rutas espectaculares.

Después de una semana, aunque la idea era quedarme allí hasta la carrera, vuelvo a casa a descansar. Dan fuertes lluvias y tampoco tengo ganas de pasar penúrias en la tienda de campaña.

Pocos días después vuelvo a presentarme en Ribes, pero esta vez con el ambiente festivo de la carrera. Monto la tienda una vez más y me voy a recoger el dorsal. Ahí me encuentro con Javi, que también me presenta a Uri.

Nos vamos para el briefing y mientras estamos dentro cae una tormenta brutal. ¡Qué bestia!

Llueve sin parar y se me empiezan a quitar las ganas de correr al día siguiente. La organización cambia un poco el recorrido de mi carrera, la Long de algo más de 70 kilómetros y la deja en sesenta y pocos.

Después de estar entrenando la semana antes por allí y ver la cantidad de nieve que había en las crestas de la Olla de Nuria, sumado al tormentón que tenemos, me alegra tener que correr algunos kilómetros menos… Esta vez, y al contrario de otras carreras, siento un profundo respeto por lo que tengo por delante. Mañana va a ser un día largo y duro.

Llueve tanto que Javi se ofrece a acogerme esa noche en su furgoneta. Después de pensármelo un poco acepto, y hago bien, porque cuando vuelvo a recoger mis cosas en el camping, mi tienda está inundada. Una anécdota más del viaje.

De no ser por Javi hubiera pasado una noche de perros y a saber como me habría levantado el día siguiente. Ese fin de semana con él, Enrique y Uri se convierte en otro de esos viajes que siempre recordaré.

Cenamos hamburguesa en el Bar Gusi  y caigo redondo en la westfalia de la furgo un poco después.

Sorprendentemente la mañana se levanta despejada y da la impresión de que vamos a tener un día idilico. Dicen que hacía el medio día o tarde «quizás» llueva.

Empieza la carrera y después de algo más de 30 kilómetros, sin tener ni idea de mi posición me sorprendo en cuarta posición. Corro relajado, sin otro objetivo en mente más que acabarla. Intento moderarme todo lo que puedo y ver como pasan los kilómetros.

Los primeros kilómetros son con Jordi Gamito y Miguel Àngel (ganador de la de Ultra Barcelona), pero después de unos minutos vuelvo a repetir estrategia y me dejo caer hasta una posición cómoda.

Cómo decía, al pasar por un avituallamiento me cantan que voy cuarto. «¿De verdad?» pregunto. Voy tan abstraido de la competición que no me he fijado ni en quién tengo delante o detrás, pero es en ese instante cuando el espiritu competitivo se despierta. Ahora sí, empieza la carrera.

Tengo a un corredor a varias decenas de metros por detrás y durante un tiempo «juego» a mantener la distancia. Después de varios kilómetros me da alcance en un avituallamiento, y sufriendo por perder una posición, veo que es un corredor de la ultra, Toti Bes.

Los siguientes kilómetros corremos juntos e intercambiamos unas pocas palabras. A lo lejos se ve a otro corredor, el tercer clasificado de mi carrera. Sabiendo que lo tengo a segundos de diferencia, como un perro de presa, no puedo evitar pensar en alcanzarlo.

Unos minutos después me salto un avituallamiento y dejo atrás a Toti. Estoy dispuesto a alcanzar al tercero. ¡Y vaya si lo alcanzo!

Pero poco después de alcanzarlo acabo en el suelo por las rampas. Maldigo a todos y todo, pero tras varias intentonas y de que tanto él como Toti vuelvan a pasarme, me pongo en marcha.

Después de todo lo bien que han ido estos kilómetros, ahora mismo no me veo acabando esto.

No se cómo me pongo en marcha. Conforme voy bajando recupero las piernas y cuando llego a Pardines, el penúltimo avituallamiento de carrera, al entrar yo en la casa donde está el avituallamiento, sale el tercer clasificado.

Me ve llegar y sale disparado. Entro yo y cojo lo justo. Aún voy cargado de agua y cojo unos pedazos de sandia que engullo rápidamente y salgo en su busca.

Lo alcanzo muy pronto y cuando toca empezar a subir, lo dejo atrás. Me noto fuerte subiendo y sé que los calambres no me van a poner problema subiendo el Taga, pero ya veremos cuando toque bajar.

Detrás nuestro tenemos una tormenta brutal. Después me enteraría que en ese punto, mientra yo disfrutaba de unos poco rayos de sol, dos avituallamientos más atrás la gente se escondía debajo de los coches por una granizada terrible.

Es de día, pero todo empieza a nublarse y parece última hora de la tarde, a punto de anocher. Pienso que apenas me quedan unos kiómetros, la subida al Taga con 1000m positivos y una bajada similar de 6 kilómetros. «Me voy a salvar de la tormenta» pienso.

Pero ni por asomo.

Empieza a chispear, luego a llover y unos minutos después empieza a granizar. Finalmente lo que caen son cubitos de hielo y con una fuerza endiablada.

Esta es la segunda tormenta fuerte que vivo en carrera, de las de tener miedo de verdad, de las de querer parar y esconderse debajo de algo.

Llego al último control antes de la cima del Taga. No se ve absolutamente nada. Estoy congelado y me duele todo. El granizo pega con muchísima fuerza.

Caen rayos por todas partes y empiezo a pensar qué coño hago aquí. Estoy subiendo al Taga dirección a la tormenta. Caen rayos muy cerca de mi. «¿Qué coño hago aquí?» vuelvo a preguntarme. «Debería darme la vuelta» pero creo que es más fácil seguir un poco más y acabar esto que volver atrás.

No siento las manos. Me meto los puños en la boca e intento recuperar la sensibilidad en ellos chupándolos. Cada cinco minutos me soplo en una mano y luego cambio a la otra. Sigo subiendo y sigo congelado.

Poco antes de llegar arriba veo los palos con los que había visto correr a Toti hace un rato. Pienso en dejar los míos también. Soy un parayos en movimiento. Ahí arriba no hay ni un árbol, sólo yo.

Me vuelvo a meter la mano en la boca e intento ganar sensibilidad en algún dedo y cuando lo consigo, a duras penas puedo apretar el botón para desmontar los bastones.

Pero cuando llego arriba del Taga, sé que ha pasado lo peor. Queda muy poco para salir de esa tormenta y volver a casa. Corro no por llegar antes sino por pura supervivencia. Conforme bajo voy recuperando la sensibilidad de todo y mis pulsaciones poco a poco se aceleran. Llego abajo cagado pero consigo cruzar la meta.

Me voy directamente para la furgoneta de Javi y allí me quedo hasta que recupero algo de calor. Estoy congelado, pero después de la ducha soy otra persona. Hoy SÍ lo he dado todo.

Quería mejorar mi resultado del año pasado y no sólo eso, sino que me subo al podio en tercera posición. He corrido lo mejor que he podido y he afrontado todos los baches del camino. No puedo pedir más. Creo que ese día sólo 5 cruzamos la meta.

Después de Bastions merezco un buen descanso. Tres ultras y una media en menos de mes y medio. Próximo objetivo, Trail de Bronchales a principios de Julio.

Pero antes cumplo unos de esos viajes en los que llevo pensando hace mucho, correr Carros de Foc.

Jordi es mi compañero de aventuras y hacemos la ruta, tremendamente técnica, en tres días. Algunos la hacen en un día o dos, pero con 20 kilómetros por jornada y un porrón de positivo por día, así la disfrutamos mucho más.

Cuando la acabamos, la sensación es increíble. Ha sido tres días de olvidar y que nada más acabar, pienso en repetir.

Poco después vamos para Bronchales, en Teruel. Mis padres veranean aquí desde hace tiempo y tienen ganas de que vea el camping al que han ido los últimos años. La idea es pasar un par de semanas allí y desconectar de todo, pero por casualidades de la vida (y que me hace inmesamente feliz), se celebra una carrera nada más llegar.

Una carrera apriori nada técnica de distancia maratón. Es la primera edición pero se convierte en todo un éxito, un carrerón en toda regla y decenas de comentarios positivos. Algo más de mil corredores si no recuerdo mal y un ambiente espectacular.

Corro Bronchales y me desinflo después de sólo 28 kilómetros. Espero una carrera fácil y me encuentro con una carrera mucho más difícil y con un nivel de corredores tremendo. Ha venido mucha gente de fuera, concretamente de Valencia.

Lucho con los calambres y totalmente derrumbado en la última gran subida, intento llegar al final. Nadie me va a recoger en medio de la nada, así que continuo. Pero poco antes de llegar a la cima veo algo que me devuelve la chispa, aún sin tener mis piernas.

Iba en cuarta posición (a muy poco de alcanzar al tercero) cuando tengo que parar por las rampas. Me pasan dos corredores y voy en sexta posición. Y cuando llego al final de la última subida, a lo lejos veo la camiseta blanca del quinto.

Me digo que intentar alcanzarlo es lo último que puedo pedirme para llegar satisfecho a meta. Mi último deseo.

¡Y vaya si lo hago! Empiezo a comer metros luchando con esos calambres, aprieto los dientes y cuando lo tengo muy cerca, a escasos tres kilómetros de meta, lo alcanzo y paso segundos después.

Mi corazón va al 100%, la adrenalina corre por mis venas. Quiero acabar ya. No puedo más, pero me centro en crear distancia entre él y yo. Y llega un nueva sorpresa. Toca bajar por un sendero serpenteante, justo antes de pisar el pueblo y veo al cuarto.

Mis pulsaciones se disparan al 200% . Le pido paso revolucionado. Tocamos el asfalto con pocos metros de diferencia y sólo quedan otros pocos para llegar a meta.

Me acuerdo de esas dos carreras del Circuito del Camp de Tarragona, donde me adelantan en los últimos metros y me digo que esta vez no, que esta vez NADIE va a pasarme antes de llegar a meta.

Metros antes aparece un calambre en el cuadriceps, de esos que en cualquier sitiuación te harían parar. Pero voy con inercia y estoy a metros de la meta. Aprieto los dientes y continuo corriendo…. y cruzo la meta.

Cruzando la meta de Bronchales

Mis padres están en la llegada. Es la primera vez que me acompañan a una carrera así y mi imagen de agotamiento al llegar a meta es probablemente una que no quiero que vuelvan a ver.

Algunos minutos después, cuando me recupero, soy la persona más feliz del mundo. Dar tanto como puedas dar, es lo único que importa y lo que más satisfacción me provoca.

Después de esta carrera me cuesta mucho recuperar. El calor ese día es tremendo y acabo muy seco. Las dos semanas siguientes me noto destrozado y no consigo levantar cabeza. El esfuerzo y la deshidratación durante la carrera me dejan sin piernas durante muchos días.

Pero tres semanas más tarde, y aún no del todo recuperado, toca correr la maratón de la Buff Epic Trail. Es un carrerón pero no he pensado demasiado en ella. En realidad la corro porque quiero correr con Dani y Ángel, del equipo, y para la que han estado entrenando. Quiero estar a su lado en ese pedazo de objetivo.

Voy con Dani y su mujer Olga para allí, y cuando llegamos, nos damos cuenta de algo que no habíamos tenido en cuenta antes: Es el Campeonato del Mundo del Skyrunning.

Tengo ganas de correrla porque se que es una carrera técnica (lo pude comprobar haciendo la ruta de Carros de Foc, que es en la misma zona) pero ahora que sé que lo mejorcito del mundo está por aquí, mi motivación se dispara por mil. Aún así, mi estado de forma es el que es y tampoco voy a poder hacer maravillas. Desde Bronchales no soy persona.

Nos pasamos la tarde dando vueltas por la zona, tomando una cerveza y un café aquí y allá. Durante el briefing se repite la historia. Empieza a llover y no para hasta un par de horas más tarde. Me pregunto si la lluvia me sigue a donde voy o es pura casualidad.

Àngel llega casi para la hora de cenar y repitiendo ritual, cae una hamburguesa enorme y una cerveza para relajar los nervios para el día siguiente. Después de eso, no me cuesta dormirme pese a que caen unas cinco horas de sueño.

El parte de tiempo es positivo y de hecho, una vez avanzada la carrera, se agradece que el día anterior hubiera llovido para refrescar el ambiente.

La carrera empieza a 42 kilómetros de la salida, así que decenas de corredores cojemos un bus hacía allí. Pasamos por Val d’Aràn para llegar allí y después de un viaje con infinidad de curvas llegamos a la zona 0.

Hemos venido desayunando Nutella con tostadas por el camino, nos ha dado tiempo a bromear y también en concentrarnos para la carrera. Cuando llegamos a la salida, vamos a por un buen café y allí nos encontramos con Ian y Joui, otros dos amigos que han venido a este espectáculo.

Calentamos un poco y comentamos la jugada. Faltan minutos. Pasamos el control y después de que un helicóptero nos pase por encima, empieza la carrera.

La primera hora no paramos de subir y tardo un rato en encontrar el ritmo. He empezado algo atrasado e intento recuperar posiciones. Sin embargo, llegamos a la primera cima muy rápido. Quizás no de tiempo, pero si de sensaciones. Me he zampado los primeros kilómetros casi sin darme cuenta.

Rastro de corredores en la primera subida

Allí arriba hace frío, pero soportable teniendo en cuenta lo que pasé unas semanas atrás en Bastions. Mientras corro el vaho sale de mi boca y de mi piel. La bajada que viene a continuación es espectacular. Resbalamos, rodamos, caemos… Es una bajada con mucha hierba y mucho agujero bastante vertical. Complicada pero a la vez divertida.

Voy comiendo kilómetros a buen ritmo e intentando conservar todo lo posible hasta la última cima, que hago de la mano de una chica bastante potente. La subida la hacemos a buen ritmo, pero cometo un fallo catastrófico. He estado corriendo tan agusto que el tiempo me ha pasado volando y por alguna razón pienso que aún tengo otra cima más. Mi idea era apretar en el ultimo tercio de carrera y llego sobrado de fuerzas.

Sin embargo, en la bajada, aprieto lo que no está escrito y debido a una mala gestión con la hidratación, una cosa y la otra me llevan a sufrir unas rampas que me hacen perder algunos minutos. Igualmente la bajada sale a muy buen tiempo y llego a meta en 70ª posición, remontando más de 20 posiciones en los últimos kilómetros.

Llego vacío a meta después de semejante sprint y eso calma mi apetito competitivo. Sin embargo me quedo con un regusto amargo: Se que podría haberlo hecho mejor.

Àngel y Dani se marcan un carrerón llegando mucho antes de lo previsto. Àngel mejor de lo esperado y Dani también, aunque con complicaciones con el asma. Mi más sincero respeto por su gran resultado.

Valorando todo el fin de semana, pese a no estar del todo contento con el resultado, es otra de esas carreras que me alegro de haber corrido y más con esta compañía. Al fin y al cabo, si la cosa sólo fuera de correr, sin amigos y otras experiencias de por medio, sería mucho menos divertido.

El resultado en la Buff me deja con dos ideas claras: La primera es que me veo bien de forma y la segunda es que en dos semanas tengo otra ultra y tengo ganas de exigirme todo lo que no he podido hacer en esta.

Pasan dos semanas y Gil y Manu nos vamos para Val d’Aràn. Hace mucho que los conozco y he corrido con ellos, pero esta es la primera vez que viajamos juntos. Resulta ser toda una experiencia y como decía antes, si correr sólo fuera correr sin la gente que la rodea, sería mucho más aburrido.

El año pasado conseguí una cuarta posición aquí con unas condiciones climatológicas bastante complicadas. Este año mi sueño es repetir como mínimo mi resultado, pero no va a ser fácil. Nunca correr más de 100km y con esos desniveles es fácil. Nunca.

Sé que es una carrera dura y tengo nervios, pero durante el viaje en coche Gil y Manu parecen más nerviosos que yo y eso me tranquiliza. Acabamos cenando muy tarde, pero la espera vale la pena por semejante pizza. Al día siguiente, empezamos muy pronto y repito sensaciones que el año anterior. Misma salida, mismo inicio…

Sin embargo, los primeros kilómetros me pasan más rápidos que la última vez. Sabiendo que la carrera es muy larga y esto da muchas vueltas, me situo en un segundo grupo e intento no apretarme.

Durante la Ultra Trail Vall d’Arana

El grupo que va en cabeza se pierde y acabamos todos juntos unos minutos después, un grupo de unos 8 corredores o más. Es ahí y con la previsión de unos próximos kilómetros con mucha pista, cuando aprovecho para ganar algo de terreno. Cuando se trata de correr en terrenos así, me siento muy cómodo así que aligero el ritmo para cuando la cosa se ponga más técnica.

Durante algunos kilómetros juego en el top top 4 hasta que todo se va a la mierda.

En una pista de bajada, de camino al avituallamiento del kilómetro 40, algo pasa. Me empiezan a pesar muchísimo las piernas y se me nubla la vista. Cojo una buena pájara y por poco acabo fuera de la pista de semejante mareo.

Llego al avituallamiento muy trastocado. «¿Cómo puede ser? ¡Si hace unos minutos estaba perfecto!» Me siento en una furgoneta que tienen allí e intento levantarme varias veces, pero cada vez que lo hago de lo único que tengo ganas es de volver a sentarme y de echarme a dormir.

Paso unos minutos parado y aunque hace un día de Agosto espectacular, empiezo a tener mucho frío. Me echan una manta térmica por encima y como algo.

Mientras estoy sentado allí, intento no mirar a los corredores que van pasando por el avituallamiento porque me preguntan qué tal estoy. Lo normal, lo correcto, pero no quiero hablar con nadie. Siento verguenza… y rabia por no estar corriendo.

Casi una hora después arranco con la idea de llegar hasta Salardú y acabar el primer bucle, pero la verdad es que pienso que iba a ser mucho más fácil.

Mientras subo, parece que voy cogiendo ritmo otra vez y que me he recuperado, pero pronto veo que cuando suben un poco las pulsaciones vuelvo a sentir un bajón considerable. De camino me planteo hacer toda la carrera, a un ritmo tranquilo y acabarla. Me engaño con que acabaré en el 55, pero la verdad es que como siempre, es sólo un autoengaño para forzarme a continuar. Una vez allí, la idea es pedirme un poco más. Y luego otro poco más. Y otro más, y así hasta que acabe con esta mierda.

Ya no estoy disfrutando. Sólo quiero acabar…

En esa subida me topo con Lluna, una corredora que conocí en Bastions y hacemos toda la subida juntos. Hablamos bastante y compartimos camino y eso me hace levantar el ánimo y los kilómetros pasan mucho más rápido.

Es alucinante lo rápido que han pasado los primeros 40 kilómetros y lo difícil que se me están haciendo estos 15 que quedaban…

Llego a un avituallamiento previo al de llegada y ahí, después de comerme un plato de pasta, tengo la opción de ir para meta a unos pocos minutos de allí o empezar con el loop de otros más de 50 kilómetros que me llevarán a meta después de muchas horas de sufrimiento.

Y me gustaría decirte que tomé ese camino, pero cuando llegué allí, esa voluntad que tantas veces tira de mi, desaparece como el humo y decido correr… pero hasta meta. Me siento derrumbado física y moralmente. Lo que me ha pasado hoy no es normal.

En ese avituallamiento charlo largo y tendido con Albert Torrent, de Ultres Catalunya y me motiva a continuar. Me averguenza decirle que no continuo, de verdad, pero hoy no encuentro las fuerzas.

Un poco más tarde llega Manu, que está corriendo la prueba de 55 kilómetros y que acaba, aunque tampoco con muy buenas sensaciones. Nuestro compañero Gil sigue en carrera.

Y un poco después, empieza lo bueno.

Resumiendo y por no meter el dedo en la llaga, decir que la organización la caga estrepitosamente en múltiples aspectos, para empezar con el marcaje.

Mucho corredores se pierden durante el camino, incluído Gil que acaba refugiado y pasando la noche en un refugio con otra corredora, Nerea Martinez. Otros dos corredores acaban en un pueblo francés, al otro lado de las montañas, y otros muchos viven una sitación un poco límite al ir totalmente a ciegas en medio de la noche sin un marcaje adecuado.

Manu y yo nos pasamos gran parte de la noche despiertos, intentando localizar a Gil y Nerea, que por un buen rato parecen haber desaparecido y escuchando la historia de otros corredores y familiares preocupados. Albert está con nosotros y va informando de todo lo ocurrido y me da tiempo de conocerlo un poco más.

En parte, cuando pasa todo aquello, una parte dentro de mi les envidia. Situaciones así hacen que correr estas distancias tenga una magia especial. Ojalá hubiera salido a acabar la carrera desde el principio, pero me convenzo de que esa pájara de hoy no es normal. Quizás haya algo dentro de mi que no esté bien, quizás llevo mucho desgaste de los últimos meses y necesito un descanso… Quizás… Quizás…

Karl, un colega maltés al que llevo tiempo hablando de Val d’Aràn, ha venido a correrla.

Aparece a las 10 de la mañana del día siguiente después de 28 horas de carrera. Se ha quedado a 8 kilómetros de meta, pero ha dado todo y más en unas circunstancias increíbles. Es la carrera más dura que ha corrido hasta ahora. Le admiro por llegar tan lejos. Yo hoy no he podido.

Pasan unos días y parece que mi cuerpo está bien. Después de todo, mi esfuerzo real son 40 kilómetros más otros 15 forzando máquina, y no necesito tanto tiempo para recuperar como si hubiera hecho toda la ultra.

Mentalmente estoy muy desanimado, tenía la oportunidad de dar lo mejor de mi mismo y mi cuerpo no me ha dejado cumplir con lo que me propuse. Parece que las piernas están bien, pero algo no acaba de encajar.

No voy al médico para que me haga un anàlisis (debería haber ido), pero decido darme un respiro y me tomo lo que queda de Agosto con mucha filosofia. No me aprieto lo más mínimo, entreno algún día (pero muy poco) e intento recuperarme. En tres semanas acumulo la misma cantidad de kilómetros que correría en una sola semana. Me tomo lo sucedido en Val d’Aràn como una señal y descanso.

El 4 de Septiembre es la carrera de Puig de Tiula, la carrera que organiza mi equipo y una semana antes, le digo a Jorge que no quiero correrla. Todo el equipo está ayudando ese día y tal como estoy, no voy a poder competirla, y para eso prefiero echar una mano.

No se muy bien cómo, pero al final me acaba convenciendo para presentarme en la salida. El lunes de esa semana he salido a rodar 14 kilómetros y acabo con unas agujetas del copón. No me veo corriendo 21 kilómetros y menos a buen ritmo, pero llega el día y toca ponerse el dorsal.

Me digo a mi mismo que voy a disfrutarla, que mi objetivo es acabarla y apretarme un poco, que no sea simplemente un entreno pero obviamente nada de dar mi 100%. Hoy no. Las últimas tres semanas he estado bastante desmotivado, pero es hora de recuperarme.

Me lo tomo muy en serio. Descanso bien los días antes, como bien, desayuno bien ese día. Me tomo unos minutos para calentar en condiciones y llego a la salida justo cuando faltan segundos para empezar y yo ya he arrancado a sudar.

Dan el pistoletazo de salida y empezamos a correr. Hay un buen grupo corriendo en cabeza y vamos todos muy pegados. Me lo tomo con calma, sé donde está mi sitio hoy.

Atravesamos Cubelles corriendo los primeros centenares de metros por dentro del pueblo, y cuando toca salir, justo para empezar con el trail, algo cambia.

Veo a Neus, una compañera del equipo, animando justo antes de dejar el asfalto y me digo «¡Qué cojones!» Y sin pensarmelo dos veces cambio el chip y empiezo a correr como me gusta correr.

Me lanzo a la primera posición y empiezo a tirar del grupo hasta que se rompe y sólo me sigue otro corredor. Pasan los minutos y sé que me voy a desinflar, pero también sé que si hago lo sensato, lo de hacer la carrera y acabarla con fuerzas, no voy a llegar contento a casa. Así que sigo tirando y tirando esperando a petar en cualquier momento.

No sé donde tengo las piernas, pero sé que hoy no estoy corriendo con ellas.

En el kilómetro 11 escucho que el corredor que tengo detrás peta y me quedo totalmente solo, corriendo a mi ritmo y sin nadie detrás o delante. Me encanta esa sensación de libertad.

Estoy alucinando, no se cómo pero mi cuerpo está corriendo mucho mejor de lo que debería estar haciendo. Alrededor del kilómetro 18 empiezo a pasarlo realmente mal y me cuesta mantener el ritmo. En la última subida, mi amigo Gil, que también está corriendo, me da caza y un poco más adelante, a un kilómetro y poco para meta, también me pasa otro corredor.

Corro lo que me dejan las piernas y sueño con no perder más posiciones hasta cruzar la meta. Y milagrosamente lo lo consigo, cruzándola en tercera posición.

No se de dónde he sacado las fuerzas para correr hoy así, ni porqué he podido hacerlo, pero acabar subiendo al podio es todo un milagro y me pilla por sorpresa. El año pasado logré acabar en primera posición y 5 minutos más rápido que esta ocasión, pero eso no importa. Las condiciones son diferentes.

Esto se asemeja mucho a la felicidad absoluta.

Faltan tres semanas para la Marató Pirineu que también corrí el año pasado. Es el año de la venganza, quiero mejorar mis resultados, acabar las que no puede acabar y superarme en las que corrí. Marató Pirineu es otra de las grandes que correremos en equipo, para la que llevan entrenando desde hace tiempo.

Esas tres semanas me centro en entrenar bien y recuperar la forma después de semejante parón, y la verdad, me empiezo a notar muy bien. Tengo ganas de que llegue el día.

A una semana de la carrera, Àngel (que es el único que corre la Trenkakames, una carrera de 85km que se celebra a principios de Octubre) y yo salimos a hacer una tirada de algo más de 40 kilómetros que empezamos a primera hora de la tarde y acabamos cerca de las 11 de la noche con una cerveza en compañía de Miguel, otro amigo que ha corrido los kilómetros finales esa noche.

La tirada larga es siguiendo la primera mitad del recorrido de la carrera y a última hora de la noche, corremos en plena oscuridad con una luna preciosa. Sale un entreno espectacular.

Llego a casa hipersatisfecho, ceno algo y me voy a la cama. Cinco horas después estoy de pie para rematar la tirada larga de ayer con otra de 20 y 1600m positivos con el resto del equipo por Montserrat.

Another day in the office! #TiulaTrail

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La idea es entrenar con mucha fatiga, y vaya si lo consigo. Me cuesta horrores subir hasta la parte más alta de Montserrat, Sant Jeroni. Cuando toca empezar a bajar, noto que estoy en un nube, no tengo mucha fuerza en las piernas y voy totalmente vacío. Sólo pienso en llegar a casa, comer bien y dormir un poco.

Pero la cosa se complica. Voy tan reventado que en un despiste, tengo un caída y echo a rodar con la mala suerte de pegar con la rodilla izquierda en una piedra y abrirme un buen boquete. Pequeño pero profundo.

Un rato más tarde y después de hacer malabares para acabar el entreno y llegar al coche, tengo tres puntos en la rodilla y según la doctora, sin la posiblidad de correr unos días después en la Marató Pirineu.

«Imposible» me dice.

Por suerte, mi ángel de la guarda, creo que podría llamarlo así de ahora en adelante, me visita tres veces esa semana. Voy a la clínica de Més Natural, donde mi fisio, Marcos y también Alfonso, me tratan tres días.

El jueves, en la última sesión, Marcos me da una buena noticia. Yo ese día llego con la clara idea de que no voy a poder correr, lo tengo 100% seguro, pero Marcos me da una gran noticia.

La inflamación ha bajado y los puntos deberían aguantar, así que «sal a rodar esta tarde y pégate un buen tute, y si puedes con ello, preséntate el sábado en la carrera».

No es la clase de consejo que daría, otra personas, es decir, lo sensato es obviamente no correr, recuperarse… pero en el fondo sabe que hay muchas posibiliades de que lo haga igualmente. Sus palabras me levantan el ánimo al mil por ciento.

Esa misma tarde salgo a rodar y aunque cuesta horrores, puedo correr cerca de una hora. Me digo que como mínimo voy a presentarme en la salida y veremos lo que pasa, el gran objetivo es acabarla obviamente.

Hemos alquilado una casa en Alp, muy cerca de Bellver, de dónde sale la carrera y cuando recogemos el dorsal el viernes por la tarde, una vez más cae un tormentón del mil. Al día siguiente tenemos un día ideal.

Me tomo antiinflamatorios por primera vez en meses y desde el minuto uno, se que me va a costar una barbaridad llegar a meta. Pienso en la rabia y tristeza que siento cuando no hago lo posible por llegar a meta y me digo que voy a hacer lo posible por conseguirlo. No he venido aquí para nada.

Conozco el recorrido del año pasado, así que sé lo que me espera.

Sorprendentemente, aún teniendo que apretar los dientes, supongo que después de tantos días sufriendo y mentalizándome para semejante paliza, el tiempo me pasa volando.

Toda la bajada del 18 al treinta y poco, la hago como puedo, porque cuesta abajo el dolor se accentua aún más, pero cuando llego al último tramo saco fuerzas de donde no las tengo y no sólo corro rápido, si no que esos 13 últimos kilómetros los hago 5 minutos más rápido que el año anterior.

Llego a meta sólo 15 minutos más tarde que al año pasado, en algo menos de 5 horas y treinta minutos.

He dado lo posible, el tiempo ha sido decente, he podido apretarme los últimos kilómetros y he llegado muy entero pese a todo.

Mi temporada acaba aquí, ahora me merezco un buen descanso y recuperar esa rodilla antes de volver a empezar. Dulce final para acabar el año.

Mission acomplished ? El sabor de conseguir algo que hace unos días parecía (muy) poco probable!#MaratoPirineu #TiulaTrail #run

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Pero… No puedo evitarlo y la Trenkakames es en una semana. Algunos días después marcharé a vivir a Malta y sé que es la última trail que correré un mucho tiempo.

Espero al miércoles y me inscribo a horas de cerrar inscripciones. No se ni si la acabaré, pero me conformo con ponerme en la línea de salida.

También la corren Uri, Neus y Àngel (para la que lleva tiempo entrenando). Sale a las 10 de la mañana y el sol es tremendo, hace un día de lujo. Dos días antes he salido a trotar con un Miqui y su novia y 3 kilómetros son suficientes para decir basta.

El sábado por la mañana no soy consciente de lo que queda, ni de lo que va a pasar o lo que voy a tener que sufrir. Pero las expectativas son tan bajas que todo vale.

Es difícil parar cuando algo te apasiona tanto. Otros buscarían cualquier excusa para no empezar, en parte porque es lo más sensato. Forzándome a correr lo único que puedo hacer es agravar la lesión.

Sin embargo, me he hecho a la idea de que voy a estar mucho tiempo sin correr, que la idea de joderme un poco más me da exactamente igual. Si me voy a Malta habiendo intentado correr la Trenkakames seré un tío feliz.

Y así sucede, arrancamos a correr y corremos. Los primeros kilómetros los hago con mi amigo Uri, que ha entrenado durísimo durante todo el verano y está en una forma genial. No sólo eso, ¡Al final acaba ganando la carrera!

Yo sin embargo, me está costando una barbaridad correr y seguir el ritmo a los que van delante, pero después de una hora corriendo, cojo ritmo y me voy con Joui que también esta corriendo.

Hablamos mucho y eso ayuda a distraerme y no pensar tanto en el dolor. Eso me hace llegar hasta el kilómetro 28 bastante entero. A partir de ahí, al pasar por el Montmell, la zona más técnica de la carrera, Joui me dice que parará un poco más adelante y durante unos kilómetros más me hace de libre mientras me las apaño como puedo para subir y bajar entre tanta piedra. La rodilla está muy al límite y yo también.

Joui se queda en un avituallamiento y yo me quedo sólo. Joder, no se sí voy a poder continuar sólo. Los calambres hacen aparición y a partir de ahí todo se complica de sobremanera. Imagino que forzar tanto la pisada me lleva ahí.

Llego al kilómetro treinta y poco en primera posición y Uri, me adelante un poco más adelante. De ahí en adelante me harto de andar y andar hasta que decido retirarme en el kilómetro 50. Pero una vez allí, decido hacer una última intentona.

Llamo a Marc y Eric, a los que he llamado unos minutos antes para que vengan a recogerme y les digo «Hey, no vengáis, voy a intentar correr un poco más». Y después de esa llamada sólo consigo hacer cinco kilómetros más, cayendo redondo en el kilómetro 55.

No tengo nada que reprocharme, he hecho más de lo que he podido, me he exigido más de lo que he podido y he corrido más de lo que he podido. Pese a todo, estoy profundamente satisfecho.

No sólo eso, sino que mientras espero, veo pasar a Àngel en una sorpendente 6 posición y su mejor resultado hasta la fecha. Me llena de orgullo poder ver su progresión a lo largo del último año y haber colaborado a que pudiera conseguirlo.

It was fun while it lasted! Dropped at km55… ? #trenkakames #nextyearagain #run

Una foto publicada por Carlos Mantero (@mantero) el

Eric y Marc me recogen, me tumbo en la parte trasera del coche casi sin moverme y me llevan para casa donde me ducho tranquilamente. Unas horas más tarde estamos cenando en la playa de Calafell y celebrando mi 27º cumpleaños rodeado de mis mejores amigos.

No puedo pedir nada más. Soy realmente feliz.

Y miro en perspectiva, hacia todo lo sucedido este año y veo una cantidad de sensaciones, experiencias, nuevas amistades.. y no puedo hacer más que inflar el pecho de orgullo por todo lo vivido.

En cuanto a carreras, resultados y entrenamientos, puedo mejorar. Puedo mejorar mucho y es mi plan para el próximo año y los siguientes, hasta que mi cuerpo diga basta o no le encuentre más sentido a esto. La buena noticia es que veo muchas cosas que podría mejorar y eso siempre da esperanza y certeza de que nos vamos a poder superar una vez más.

Después de esta carrera, pocos días después viajo a Malta, donde pasaré todo el año. Cierro una etapa y empiezo otra igual o más interesante.

He vuelto a correr y después del descanso y bastante trabajo de gimnasio (aún sigo con ello), la noto casi al 100%. Poco a poco voy cogiendo la rutina y puedo ir apretándome, aunque no voy a mentirte, sigo sintiendo que todo es cuesta arriba.

He perdido mucha forma en poco tiempo, he ganado muchos kilos que tengo que perder para ser el que era y aún quedan muchos entrenos para verme mejor de lo que estaba. Pero hay algo en ello que me motiva a seguir intentándolo, aunque aún no sepa a ciéncia cierta que es.

Ya estoy pensando en el 2017 y todo lo que me traerá.

Gracias por leer semejante biblia.

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